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LAVOZ.com.arLunes 23 de julio de 2007

Edición impresa | Zona Centro

 

Ser celíaco es más complicado en las localidades del interior

En los pueblos casi no se consiguen alimentos aptos para esa enfermedad. Los casos de Río Tercero y Berrotarán.

Mariela Martínez y Graciela Busilli
Especial

Río Tercero, Berrotarán. Los celíacos tienen más problemas si viven en el "interior del interior". A su enfermedad, que les requiere consumir alimentos especiales, le deben sumar la escasa oferta de productos específicos para sus dietas. En los pueblos más pequeños es donde más dificultades atraviesan. A eso, deben añadir ahora el elevado costo de lo que necesitan consumir.

Los profesionales que saben del tema dan cuenta de que en el interior es una constante la falta de alimentos específicos liberados de gluten y que además contengan el logo internacional que tache la figura del trigo: así se identifican a
los aptos para celíacos. Los pacientes de pueblos y ciudades de esta región que tienen acceso a Córdoba capital compran grandes volúmenes para no padecer luego la tortura de lidiar con la falta de los productos. Pero no todos pueden hacerlo. Y en los pueblos más chicos se perciben las mayores dificultades, tanto para encontrar los productos como para tener a mano la atención especializada de profesionales. Por una u otra cosa, los celíacos deben viajar a otras ciudades.

Más allá de que pueden consumir todo tipo de verduras y carnes, el problema de los celíacos se presenta cuando se
trata de alimentos que se elaboran con harina. Pastas, postres, galletitas, golosinas -entre muchas otras comidas- son artículos que para ellos deben prepararse con harinas especiales, sin gluten. No es fácil su elaboración casera y es difícil encontrarlos en las góndolas de los supermercados. Y los que hay, aparecen con precios elevados.

Según profesionales de la salud consultados por este diario, en el último simposio sobre el tema efectuado en el país, este año, se concluyó que por cada persona diagnosticada con esta afección, hay ocho que la padecen, pero no lo saben. Es decir que habría muchos
más enfermos de los que hoy son atendidos.

Además, entre los datos estadísticos que se manejan, los médicos hablan "de una prevalencia de un caso cada 130 habitantes".

Por dar sólo un par de ejemplos: en Río Tercero (47 mil habitantes) habría entonces unos 400 celíacos y en Berrotarán (siete mil habitantes) cerca de 50. Son sólo estimaciones que aún no pueden ser corroboradas porque los registros oficiales son inexistentes.

En esas localidades este diario relevó, a modo de ejemplo regional, la situación al respecto.

En Berrotarán. El médico Pedro Gómez Palacios, director del hospital municipal de Berrotarán, dijo a este diario que en ese centro de salud se atienden algunos casos de personas celíacas, pero que en el pueblo no se cuenta con un registro de esta enfermedad.

El secretario de Acción Social municipal, Alejandro Storello, indicó que desde el Programa Ayudando a Crecer, del Ministerio de la Solidaridad de Córdoba, se envían módulos alimentarios especiales para celíacos, como para niños de bajo peso.

Respecto a esa ayuda, Marcela Caride –celíaca– se quejó de que no pudo acceder al bolsón porque se le solicita una biopsia
que confirme su enfermedad. “Tengo los análisis de sangre que lo demuestran; no voy a someterme a un nuevo estudio”, planteó a este diario.

Sergio Lucentti, otro enfermo, aseguró que él tampoco pudo acceder al módulo alimentario porque le exigen un certificado médico del hospital local. “Cuento con el resultado de una endoscopia realizada en Córdoba, pero no me la aceptan”, explicó.

Las cajas con alimentos que envía la Provincia contienen leche, aceite, harinas, mezcla para preparar pizzas, mermeladas y postres, especiales para celíacos.

Por su parte, el supermercadista Miguel Salvá indicó que en
su comercio no hay una gran demanda de alimentos sin TACC (trigo, avena, centeno y cebada). “Quizá las personas celíacas vayan directamente a las dietéticas; aquí no nos piden alimentos específicos”, indicó.

En Río Tercero. En Río Tercero, como en las demás localidades de la zona, los precios caros y la falta de alimentos para celíacos también preocupa. Y eso que es la ciudad de la región donde en mayor cantidad y variedad se pueden conseguir. Los nutricionistas y gastroenterólogos consultados por este diario aseguran que reciben a menudo quejas de sus pacientes.

El médico Raúl Comín indicó que es difícil el diagnóstico en el adulto: “Lo que pasa es que la enfermedad está enmascarada. Cuando se detecta se le dice al paciente que no hay tratamiento, sino sólo la dieta de por
vida. Habitualmente cuando se buscan las causas se suele confundir con colon irritable”, puntualizó.

Su colega, Silvia Cócolo, marcó la diferencia respecto a varios años atrás, en el sentido de que en la actualidad se percibe que los médicos cuentan con más información para diagnosticar la enfermedad. La gastroenteróloga remarcó que los pacientes se quejan por los precios caros: “Un paquete de galletitas, por ejemplo, cuesta seis pesos”, deslizó.

El pediatra Rodolfo Arribas, por su parte, comentó que se diagnostica habitualmente en el niño y en muy pocos casos recién cuando la persona ya es adulta.

En
Río Tercero hasta se ofrece un servicio de catering para celíacos. En las demás localidades de la zona ese servicio es impensable. Carlos Llanos –su prestador– comentó que hay familias que piden incluso ese servicio para fiestas especiales y hasta a veces llevan ellos mismos los ingredientes de harinas o premezclas especiales y dulces.

Mientras, en Río Tercero hace cuatro años el municipio comenzó a trabajar un programa específico para familias carecientes con integrantes celíacos. Por ese plan, se comenzó a entregar los bolsones alimentarios especiales de planes provinciales y luego también se pasó a enseñar a cocinar con
estos productos. Hay varias familias que concurren una vez por semana a la guardería municipal para aprender a cocinar para pacientes celíacos.

La nutricionista Carina Grosso, una de las pocas especialistas en celiaquía en esta ciudad y contratada por el municipio local, adelantó que un objetivo a corto plazo es poder definir un registro verdaderamente fiel de cuántos celíacos hay en la ciudad. También señaló que ahora el municipio cuenta con el aporte de un bioquímico para la realización de los análisis especiales para el diagnóstico.

En algunos casos las personas presentaban bajo peso y muchos trastornos
gastrointestinales y luego de arribar al diagnóstico acertado y con la dieta adecuada pudieron mejorar su calidad de vida, según reseñó.

Grosso remarcó que en Río Tercero unas 15 familias reciben el bolsón que provee la Provincia o el que aporta la Municipalidad. Esa ayuda es sólo para una parte mínima de la dieta mensual que requieren.

Un negocio de venta de alimentos para celíacos en Río Tercero. En pueblos de la zona más chicos, casi no hay. Foto: LaVoz

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